A 4/4 en Clave de Papo


Panzos,

Hoy quiero compartir con ustedes algo que me hace feliz y que ha sido mi compañía durante las buenas –y no tan buenas– épocas de mi vida: La música!

Photo 2015-08-28, 6 46 33 PMDecidí dejarles este recuerdo, en el cuaderno de notas que desde hace ya varios años lleva escribiendo su mama, porque de una forma u otra, la música siempre ha sido parte de mi vida. Para no ir tan lejos, basta decir que desde el colegio disfruté de la música a mi manera. Compartí con mis amigos de colegio la ola del Rock en Español, uno que otro merengue, Michael Jackson, y David Lee Roth entre otros. Aunque mi mamá me inscribió en clases de piano, nunca las tomé, pero si terminé por unirme al coro del colegio durante la mayor parte del bachillerato.

Nelson guitarraEn la universidad fue diferente; aunque no tuve preferencia por un tipo específico de música, si disfruté al máximo de cuanto concierto ocurría; tanto al aire libre en la Gallera, como en el auditorio Luís A Calvo. Conciertos de piano, guitarra clásica, pasando por Silva y Villalba, los Carrangueros, los Visconti, hasta Alberto Cortez y Facundo Cabral. Los conciertos al aire libre fueron inolvidables! Al son de guitarras cantando a Silvio Rodríguez, los grupos de tamboras, grupos de música colombiana, y por supuesto, tomando canelazo que no podía faltar. En la universidad también aprendí a tocar guitarra, y me convertí en un guitarrista aficionado. Ya como “guitarrista” logré presentarme en algunas ocasiones con el grupo Expresión Musical de la UIS; con quienes acompañé algunas veces al grupo de danzas.

Durante ese tiempo, gracias a la guitarra y ya como integrante de la Tuna UIS, conocí a la mama –mi spinsalisa–. Con ella seguí disfrutando de conciertos, tocadas de guitarra, y hasta presentándonos en la gallera donde cantábamos las canciones de la vieja guardia incluyendo Pablus Gallinazus (con olvidada de letra incluida), Piero, Mercedes Sosa, pero también música colombiana, y uno que otro bolero. Con ella disfrutamos al máximo, sin siquiera llegar a imaginar lo que nos depararía el futuro. Eso sí, ella siempre tuvo además de su buena voz de contralto, la virtud de poder aprenderse las canciones después de haberlas escuchado una sola vez, y a veces sin haberlas escuchado, solo leyéndolas, cómo si su subconsciente las conociera ya de alguna forma.

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Después de terminar la universidad y viajar a Japón a hacer mi maestría, retomé la guitarra como integrante del grupo de Guitarra Clásica de la Universidad de Shimane. Allí afiné un poco mis habilidades de “guitarrista”, reafirmé mi concepto de la disciplina y disfruté no solo de la amistad que establecí con mis amigos del grupo, sino de poder tocar arreglos para piezas de variados estilos y carácter universal como el Cóndor pasa, Top of the Word, Hotel California o las estaciones de Vivaldi.

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En Japón compré la guitarra que aún conservo, pero después de que terminó mi estadía allí y regresé a Colombia, por razones inciertas jamás volví a cogerla. Aún más, cuando partí hacia Canadá a hacer mi doctorado, la dejé en Colombia; y ya estando aquí me arrepentí y le pedí a la mama que la trajera cuando viajara a reencontrarse conmigo.

Para el momento en que nació Emily, yo básicamente tenía la guitarra de adorno en la casa. Ya cuando Emily creció un poco, ella también empezó a hacer parte de mi vida musical. Con Emily y su hermosa y entonada voz –y a nuestro propio estilo– mientras caminábamos hasta la parada del bus o el campamento de verano, componíamos a viva voz nuestros propios musicales, los cuales entonábamos por la calle cual “Violinista en el Tejado” o los “Sonidos de la música”. Nuestros musicales eran sobre mariposas, ranas, flores, sobre mama, o que Sammy se hizo pipi. Sí, para este momento Alejandro ya había nacido, y con el comenzamos a disfrutar la música con mucha intensidad, pero a diferencia de Emily, a ritmo de guitarra y ukelele.

Como parte de ese futuro incierto que nunca nos imaginamos a nuestro paso por la universidad, últimamente hemos vivimos dificultades que jamás pensamos experimentar. Sin embargo gracias a esas dificultades, he regresado a la guitarra, he tenido tiempo para reencontrarme con ella y a pesar de la falta de práctica que hace un poco difícil el movimiento de los dedos; con disciplina y paciencia, he sido capaz de volver a tocar algunas piezas como Adelita, el Gran Vals y Lagrima, Nothing Else Matters, More Than Words, y hasta Bohemian Rhapsody. Alejandro se ha convertido en mi compinche de guitarra, mirando atentamente o en ocasiones pretendiendo que no atiende pero escuchando, y de vez en cuando metiendo la mano en el momento justo en que trato de tocar las notas más difíciles, o en otras ocasiones rasgueándola mientras yo cambio de notas. A veces es el quien me dirige con su “One, and two and one, two three four”.

Ahora tenemos también un ukelele, y a Sammy le gusta tocar las notas de afinación en orden ascendente y descendente al ritmo de “My Dog Has Fleas”, “Fleas Has My Dog”. En otras ocasiones –que digo– en muchas ocasiones, no utilizamos instrumentos, sino que simplemente cantamos las notas musicales, la iguana, o los pollitos y disfrutamos grabándonos la voz con el iPhone, y luego escuchando la grabación y riéndonos a carcajadas de los errores que encontramos al cantar.

En familia también disfrutamos cuando viajamos en el carro, cantando desde canciones infantiles en español, las canciones de la película Frozen, y hasta las que en estos días están de moda de Walk of the Earth.

Ahora entenderán por qué digo que la música ha sido parte de mi vida… de nuestras vidas. Por una guitarra conocí a la mama y por la música (entre otras cosas) nos mantenemos unidos. Más allá del lenguaje verbal, con Alejandro hablamos entre guitarra, ukelele, acordes y notas. Con Emily construimos historias y viajamos en el tiempo… es por eso que la música siempre será nuestra aliada, y seguirá siendo la parte más divertida de nuestras noches en familia.

Papo

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Posted on August 29, 2015, in Español, In My Life and tagged , , , , , , . Bookmark the permalink. 1 Comment.

  1. Blanca Inés Prada Márquez

    Bellísimo lo escrito por Nelson, que siga escribiendo, tocando y cantando. FELICITACIONES para Nelson y para Sofía, Emily y Alejandro que son su mayor inspiración. ¡Que viva la música!

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